Verso · 16 dic 2005

Alumbramiento

Que nazco yo, que aparezco en este mundo,que vengo ya con el alma desgarrada,y traigo en el tierno pecho algo profundo:un dolor, un brillo que hiere en la mirada.
Contemplo a mi madre y siento que soy suyoy que empiezo a ser un "otro", un individuo,pues la fruta habrá nacido del capullo,pero ahora se encuentra sola ante el destino.
Mi padre me muestra el mundo con sus actos,me lleva con firme mano por la senda.Transcurro en su sociedad, entre los pactosdel hombre que da la vida como ofrenda.
Crezco entre las soledades y el silencio,descifro los signos mágicos del almaque, escritos sobre los libros, son cual genios:son mis compañeros ávidos de infancia.
Cuando entiendo las mentiras de su entorno,renuncio a mi religión y busco el vadoque me llevará hasta Dios en el retornode este exilio al otro mundo, aún recordado.
Mi alma, en honda luz; desamparadoel corazón, sobrecogido en blando nicho.¿Por qué habría de callar lo que fue hablado?¿Por qué no, en vez, gritar, lo que se ha dicho?
Encuentro, al fin, el amor en una rosa;entiendo así que nací al ser amado...Amor en el pecho, amor, ¡no hay otra cosa!la angustia del corazón ha terminado.