Lírica romántica · 1998
el cuarto laberinto
De pie frente a ti, te miro con recelo.Tus grandes ojos me observan con sorpresa.
¡Son negras y hondas tus pupilas, princesa,como honda y negra es la bóveda del cielo!
No es más profundo el lecho del mar océanoque tus ojos y eso que - al mirarme - inspiras.
Soy un gigante y tiemblo cuando me miras,vencido de amor, débil como un enano.
Percibo una luz sobre el abismo oscurode tu pupila: es el brillo que se escapadel fuego encendido en tu corazón puro.
Tu mirada es un laberinto, ...¡y me atrapa!
Tus ojos tienen magia, y me confundencual si fuesen las paredes intrincadasde la prisión en que nací. Ellos fundenel hielo eterno de mi alma enamorada.