Roberto Pérez-Franco
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Libros1998

los laberintos del amor

Introducción

El Laberinto es una colección de lírica amorosa que narra una historia en sus versos. La explicación de sus símbolos es ésta: las cartas están inspiradas en la historia mitológica del minotauro encerrado en el laberinto, el héroe que viene a darle muerte y la princesa que reina sobre todo el territorio y todos los corazones. En estas cartas, los eventos toman un curso diferente a la leyenda, al escapar el minotauro del laberinto antes que el héroe le dé muerte; la bestia busca al héroe y le toca: bestia y hombre se fusionan mágicamente al contacto; luego se inicia el cortejo amoroso entre esta nueva criatura y la princesa asombrada: juegan en el jardín, se acarician, se aman, y culmina todo con una noche de pasión, el escape al amanecer de la princesa y la muerte de ambos amantes.

La razón de este tema de fondo para las cartas es también sencilla: junto a la mujer para quien escribí estas cartas, descubrí que dentro de cada hombre hay una parte sublime y heroica, y una parte animal, las cuales interactúan y se manifiestan de diferente forma en diferentes situaciones. Aprendí igualmente que dentro de cada mujer hay siempre una princesa.

Los laberintos fueron escritos en poco tiempo: en un solo día escribí cuatro de ellos. Debo reconocer que estos trozos líricos requirieron mucha más inspiración y esfuerzo mental que cualquier otro texto anterior. Porque cada una tiene dieciséis líneas de doce sílabas con rima perfecta. Sólo el séptimo laberinto rompe esta regla: tiene apenas dos líneas de doce sílabas.

Constituyen el único subgrupo de cartas que fue concebido desde el inicio - y escrito expresamente - como una colección lírica con carácter individual y tema independiente.

el primer laberinto

He crecido en este oscuro laberintocomo bestia destinada al cautiverio,sin amar, viviendo sólo por instinto.

El mundo que me rodea es un misterio:nunca he visto ni sentido algo distintoa estas paredes de piedra y de destierro.

En mi vida triste nunca ha habido afecto:ni amor, ni nobleza, ni dicha, ni verdad.Ni más compañía que el azul perfectodel cielo del día. Todo aquí es soledad.

Hoy escuché tu voz, traída por la brisa...¡y yo pensé que nunca me enamoraría!

En tu jardín, soberbia, andando sin prisa,hablabas de un héroe que me mataría.

Escaparé esta noche, amor, de tal guisaque me halle en tu reino antes que nazca el día.

el segundo laberinto

Oculto en el jardín, te miro en silencio,y escucho tu dulce voz planear mi muerte.Él está a tu lado... un beso presencio.¡Qué triste es mi vida! ¡Qué negra mi suerte!

Tu voz me parece el murmullo del viento,sus dulces matices, su timbre, sus risas...Me envuelve, me llena y no sé lo que siento,mas creo que me hace nacer de cenizas.

Temerías a mi voz, terrible sonidosemejante al bramido furioso del mar.¡Envidio al que pueda decir en tu oídouna frase muy bella que te mueva a amar!

Es tu voz un laberinto fresco y plenoque me regocija a la vez que me inquieta.Desde hoy sé que, si de tu voz no estoy lleno,¡nunca será mi felicidad completa!

el tercer laberinto

Esperé entre las rosas, con paciencia.Ahora me muestro ante ti, con pasión.¡Ay!, no te dejes llevar por mi apariencia:mira dentro de mí, busca en mi corazón.

Mira a ese héroe: ¡valiente, puro y bello!Mira a esta bestia: ¿habías visto un monstruo así?

Lo asalto, lo sujeto y, en un destellode luz, el prodigio acontece frente a ti:de dos cuerpos, sólo queda uno presente.

Fui la bestia que, con sangre, alimentaste.Fui el héroe que liberaría a tu gente.

Soy el hombre que, para amarte, anhelaste.

Mi alma es un laberinto: que no te asombreque sea uno mismo a quien temes y deseas,y que al tiempo que bestia y héroe, ahora veasamor y muerte cautivos en un hombre.

el cuarto laberinto

De pie frente a ti, te miro con recelo.Tus grandes ojos me observan con sorpresa.

¡Son negras y hondas tus pupilas, princesa,como honda y negra es la bóveda del cielo!

No es más profundo el lecho del mar océanoque tus ojos y eso que —al mirarme— inspiras.

Soy un gigante y tiemblo cuando me miras,vencido de amor, débil como un enano.

Percibo una luz sobre el abismo oscurode tu pupila: es el brillo que se escapadel fuego encendido en tu corazón puro.

Tu mirada es un laberinto, ...¡y me atrapa!

Tus ojos tienen magia, y me confundencual si fuesen las paredes intrincadasde la prisión en que nací. Ellos fundenel hielo eterno de mi alma enamorada.

el quinto laberinto

Toco tus dedos frágiles con mis grandesy toscos dedos. Beso tus uñas blancas,capas de nácar sobre tu carne tersa...¡son tus manos dos gaviotas en el viento!

Acaricio tu cabello con mis grandesy toscas manos. Beso estas hebras largas,red de oro que me atrapa y roba mi fuerza...¡tu cabello es mi bandera y sentimiento!

Rozo tus labios trémulos con mis grandesy toscos labios. Beso pétalos rosa,juega mi lengua junto a tu lengua adversa...¡es tu boca nido donde me caliento!

Tu belleza te permite que me mandes,como al corcel la mano vigorosa.En tu esplendor mi mente está inmersa...¡qué puede compararse al amor que siento!

el sexto laberinto

Huyes de mis brazos y de mi mirada;corres y retozas entre los rosales.Te escondes cual niña; te ocultas y salesa verme buscarte en la viña encantada.

Ahora parece que fueses mi esclava:rendida a mis pies y dispuesta a servirmete tengo. Te hace feliz el consolarme.Me das todo lo que en mis noches soñaba.

Ahora parece que fueses mi diosa:postrado a tus pies y dispuesto a servirteme tienes. Me hace feliz el consentirte.Te doy lo que soy, mujer maravillosa.

¿Qué es el amor, amor, sino un bello juegoque juega la vida con mi corazón?

¿Qué es el amor, amor, sino una prisiónperfecta como un laberinto de fuego?

el octavo laberinto

Conozco en el laberinto una angostura,abrupta y estrecha, que cierra el camino.Mas no se compara ésta con tu cintura,que es ánfora frágil de leche y de vino.

Conozco la curva que muestra la luna,que crece y decrece marcando las eras.Mas no se compara ésta, en manera alguna,a la suave curva que hay en tus caderas.

Conozco columnas en mármol talladas,que sostienen templos de diosas eternas.Mas no se comparan éstas, para nada,con la sutileza y beldad de tus piernas.

Quiero ir más allá de lo que es permitido,palpar con mi mano el calor de tu piel,sentir lo que nunca en mi vida he sentido,beber en tu fuente, saborear tu miel.

el noveno laberinto

Mi brazo se enrosca en torno a tu cintura.Mi boca y tu boca se unen en un beso.

Invade mi pecho una sensación pura,deseo irreprimible, mágico embeleso...

De rodillas caigo frente a tu figuray, en un suave abrazo, tus piernas apreso.

Entre estas columnas se encuentra un jardín.Y en este jardín, una rosa de fuegooculta sus pétalos color carmín,guardándolos en un laberinto ciego.Un pliego rosado junto a otro pliego,como un caracol... como un juego sin fin...

Acarician mis dedos tu flor ardiente,siento que el deseo me arrastra a un abismo,tan hondo y tan bello que mi alma presienteque de él no escapara ni el demonio mismo.

el décimo laberinto

Éste es el momento. Te tiendo en mi lecho.La bestia dormía, pero ha despertado:el fuego instintivo se enciende en mi pechoy el candor del héroe queda relegado.

Quito tu corona. Desgarro tu falda.Tu tibio latir de virgen me emociona.Mi brazo es espada que oprime tu espalda.Mi pecho es un muro feroz que aprisiona.

Quiero conquistar tu sagrado recinto,y al tiempo trocarte pasión por decoro.

Ven, ¡siénteme entrar así en tu laberinto!,ardiente cual fuego, precioso cual oro.

Te estremeces de placer bajo mi peso.Siento que te tengo, que al fin eres mía.Diría que es la gloria, pero es más que eso...

Descansemos, bella, hasta que llegue el día.

el undécimo laberinto

Tu aurora se enciende, y tu sol aparece,enorme y sereno sobre el mar dormido.Te busco a mi lado: no estás. Me pareceque con el rocío de la noche has huido.

¡Callada e inquieta debiste marcharte!

¿Será que me temes todavía, ¡oh, hermosa!y por eso alzaste tan temprano el vuelo?¿Será que navegas ahora, presurosa,buscando otra suerte, otro amor, otro suelo?¿Huiste hacia el mar? Ese mar malva y rosaque ahora refleja el prodigio del cielo...

Vete en paz, amor, y entrégate al olvido.Camina tranquila, vete a tierras nuevas.Si encuentras en ellas eso que has perdido,por la vida tuya, te ruego: no vuelvas.

Si no, vuelve presto, ¡prometo esperarte!

el duodécimo laberinto

Con pasos lentos abandono tu jardín.Vuelvo al sáxeo laberinto, con mi duelo.Dejo el perfume de las rosas tras de mí.Quedo solo, entre piedras, bajo el cielo.

Lloran tu muerte las tímidas estrellas,esparcidas sobre el cielo negro y hondo.

Abismo eterno, palacio de mi bella,¡déjame hundir mis ojos en tu fondo!

Pienso en ti, amada princesa, que aún ausenteestás más presente que cualquier persona.Siento tu tibieza en mi pecho latente.

¡El amor, recién nacido, me abandona!

Me consume tu ausencia, y así mi muertellega en el puñal de tu recuerdo hermoso.Seré siempre prisionero, al no tenerte...laberinto eras de amor, ¡tan delicioso!