el undécimo laberinto
Tu aurora se enciende, y tu sol aparece,
enorme y sereno sobre el mar dormido.
Te busco a mi lado: no estás. Me parece
que con el rocío de la noche has huído.
¡Callada e inquieta debiste marcharte!
¿Será que me temes todavía, ¡oh, hermosa!
y por eso alzaste tan temprano el vuelo?
¿Será que navegas ahora, presurosa,
buscando otra suerte, otro amor, otro suelo?
¿Huiste hacia el mar? Ese mar malva y rosa
que ahora refleja el prodigio del cielo...
Vete en paz, amor, y entrégate al olvido.
Camina tranquila, vete a tierras nuevas.
Si encuentras en ellas eso que has perdido,
por la vida tuya, te ruego: no vuelvas.
Si no, vuelve presto, ¡prometo esperarte!
Roberto Pérez-Franco