el décimo laberinto

Éste es el momento. Te tiendo en mi lecho.
La bestia dormía, pero ha despertado:
el fuego instintivo se enciende en mi pecho
y el candor del héroe queda relegado.

Quito tu corona. Desgarro tu falda.
Tu tibio latir de virgen me emociona.
Mi brazo es espada que oprime tu espalda.
Mi pecho es un muro feroz que aprisiona.

Quiero conquistar tu sagrado recinto,
y al tiempo trocarte pasión por decoro.

Ven, ¡siénteme entrar así en tu laberinto!,
ardiente cual fuego, precioso cual oro.

Te estremeces de placer bajo mi peso.
Siento que te tengo, que al fin eres mía.
Diría que es la gloria, pero es más que eso...

Descansemos, bella, hasta que llegue el día.

Roberto Pérez-Franco