el octavo laberinto

Conozco en el laberinto una angostura,
abrupta y estrecha, que cierra el camino.
Mas no se compara ésta con tu cintura,
que es ánfora frágil de leche y de vino.

Conozco la curva que muestra la luna,
que crece y decrece marcando las eras.
Mas no se compara ésta, en manera alguna,
a la suave curva que hay en tus caderas.

Conozco columnas en mármol talladas,
que sostienen templos de diosas eternas.
Mas no se comparan éstas, para nada,
con la sutileza y beldad de tus piernas.

Quiero ir más allá de lo que es permitido,
palpar con mi mano el calor de tu piel,
sentir lo que nunca en mi vida he sentido,
beber en tu fuente, saborear tu miel.

Roberto Pérez-Franco