el sexto laberinto
Huyes de mis brazos y de mi mirada;
corres y retozas entre los rosales.
Te escondes cual niña; te ocultas y sales
a verme buscarte en la viña encantada.
Ahora parece que fueses mi esclava:
rendida a mis pies y dispuesta a servirme
te tengo. Te hace feliz el consolarme.
Me das todo lo que en mis noches soñaba.
Ahora parece que fueses mi diosa:
postrado a tus pies y dispuesto a servirte
me tienes. Me hace feliz el consentirte.
Te doy lo que soy, mujer maravillosa.
¿Qué es el amor, amor, sino un bello juego
que juega la vida con mi corazón?
¿Qué es el amor, amor, sino una prisión
perfecta como un laberinto de fuego?
Roberto Pérez-Franco