el segundo laberinto

Oculto en el jardín, te miro en silencio,
y escucho tu dulce voz planear mi muerte.
Él está a tu lado... un beso presencio.
¡Qué triste es mi vida! ¡Qué negra mi suerte!

Tu voz me parece el murmullo del viento,
sus dulces matices, su timbre, sus risas...
Me envuelve, me llena y no sé lo que siento,
más creo que me hace nacer de cenizas.

Temerías a mi voz, terrible sonido
semejante al bramido furioso del mar.
¡Envidio al que pueda decir en tu oído
una frase muy bella que te mueva a amar!

Es tu voz un laberinto fresco y pleno
que me regocija a la vez que me inquieta.
Desde hoy sé que, si de tu voz no estoy lleno,
¡nunca será mi felicidad completa!

Roberto Pérez-Franco