el primer laberinto
He crecido en este oscuro laberinto
como bestia destinada al cautiverio,
sin amar, viviendo sólo por instinto.
El mundo que me rodea es un misterio:
nunca he visto ni sentido algo distinto
a estas paredes de piedra y de destierro.
En mi vida triste nunca ha habido afecto:
ni amor, ni nobleza, ni dicha, ni verdad.
Ni más compañía que el azul perfecto
del cielo del día. Todo aquí es soledad.
Hoy escuché tu voz, traída por la brisa...
¡y yo pensé que nunca me enamoraría!
En tu jardín, soberbia, andando sin prisa,
hablabas de un héroe que me mataría.
Escaparé esta noche, amor, de tal guisa
que me halle en tu reino antes que nazca el día.
Roberto Pérez-Franco