espinas
¿Fue tu culpa
o fue mi culpa?
No lo sé, bella mía...
Eso no importa ya.
La rosa que nos unió en torno suyo,
esa que nació súbitamente en tu jardín y el mío
para deleitarnos con su perfume
y herirnos con sus espinas,
se ha marchitado antes del ocaso:
eso es lo que importa.
La estrella que nos hizo levantar nuestras miradas
del polvo que hollan nuestros pies
hacia el cielo que corona nuestras cabezas
y que con su luz nos mostró nuestro más alto destino,
se ha apagado antes del amanecer:
eso es lo que importa.
No te reprocho nada, bella mía,
ni pondré empeño en olvidarte.
Dulce será tu recuerdo en mi corazón.
No deseo lamentar lo que he perdido,
ni intentar revivir lo que ha muerto;
mas me duele en el pecho todo el amor que no amé.
¡Qué efímero es el amor!
Como una rosa...
...como una estrella.
Llega hoy y mañana no está.
Y sin embargo,
hay algo que es eterno en el amor.
Porque aún me ilumina por dentro esta estrella
y todavía siento el perfume de esta rosa
mezclado con el dolor de sus espinas...
Roberto Pérez-Franco