la esquiva
Eres muy bella,
como una estatua de mármol
que resplandece bajo la luz del sol,
como una ola fresca
que golpea arrasadora,
como una fantasía de verano.
Pero eres muy esquiva:
tus ojos de venada
nunca miran a los míos.
Como una pequeña ardilla
entre las ramas de un roble,
te mueves alrededor de mí
fingiendo que no me ves,
aún sabiendo como sabes
que ardo por dentro al verte.
¡Cuán bella eres!
¡Pero cuán esquiva!
Roberto Pérez-Franco