celos
Hay una bestia dormida
dentro de mí
Bajo mi piel vive la bestia,
respirando mi aire,
y vigilándote con mis ojos
en silencio...
¡Pobre de aquél
que se acerque a ti!
Pues la bestia se despierta,
se agita, se enfurece,
y se apodera de mí,
deseosa de destrozar
con sus garras al osado...
Una bestia duerme
en la tibieza de mi pecho
Esa bestia tiene mi corazón,
esa bestia tiene mi sangre,
esa bestia mataría por ti
Y tú, mi bella,
amazona incandescente,
tientas a la bestia,
midiendo su agudeza,
y agitando su furia,
cual juguete de tus caprichos
No desafíes a la bestia,
dulce amada mía,
no provoques su ira
ni despiertes su instinto...
¡nos puede matar a los dos,
en sus fauces de fuego!
Roberto Pérez-Franco