te creo

"¿Me quieres?", te pregunté.

"Te amo", respondiste.

Te amo, cada célula de mi cuerpo me lo gritaba, te amo, en cada rincón de mi mente retumbaba, te amo, te amo, toda la esencia de mi alma se perfumó con tu voz, te amo, y mi conciencia me lo gritaba: "Ella te ama, tonto", y mi corazón se alegró, te amo, y una sonrisa marcó mi rostro, te amo, y te creí ciegamente, divina criatura, te creí como si fuera la verdad más grande, te amo, como si Dios me lo hubiera dicho al oído, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo...

Te miré y vi en tus ojos divinos el brillo del amor, te amo, sí, te amo, como si fuera la cosa más cierta del universo, indudablemente, te amo, era verdad, te amo, te amo, te amo, te amo, te amo...

"¿Por qué no?," pensé.

Y tu voz que retozaba aún en mi oído, y hacía florecer mi corazón desnudo, te amo, te amo, lo oí mil veces, te amo, te amo, te amo, te amo...

Y mientras el eco de la divina frase que pronunciaste aún vivía en mi cabeza, te amo, te amo, me arrebató el corazón un deseo irrefrenable de gritarte: "Te creo, amor mío", y de besarte hasta morir entre tus labios de rosa.

Y ahora, en mi soledad, soy tan feliz, porque te creo, amor mío, ¡te creo!

Roberto Pérez-Franco