mi mirada
¿Has sentido la brisa acariciar tu rostro en una tarde de verano? Esa brisa, mientras te envuelve, te canta al oído una canción de tierras lejanas. La brisa esconde el misterio de la caricia que el cielo da a la tierra.
¿Has sentido la luz del sol acariciar tu piel en una tarde de verano? Ese sol, mientras te entrega su calor, te canta al oído una canción de tiempos lejanos. El sol esconde el misterio del beso que el cielo da a la tierra.
¿Has sentido mi mirada acariciar tu rostro y tu piel en una tarde de verano? Esa mirada, mientras te recorre lentamente, te canta al oído una canción de amor. Mi mirada esconde el misterio del amor, que renueva la vida eternamente.
¿No has sentido mi mirada recorriéndote? Te miro con ternura, con recelo. Mi mirada se posa sobre tu cabello negro, que cae en suaves ondas sobre tu espalda. Mi mirada se posa sobre tus ojos, que encierran una noche y dos estrellas. Mi mirada se posa sobre tus labios rojos, llenos de vida, desbordantes de miel. Mi mirada se posa sobre tu cuello, sobre tus hombros, sobre tus senos, sobre tu cuerpo entero. Entonces, cierro mis ojos, y la mirada de mi alma se posa sobre tu alma.
Mi mirada no esconde mi corazón abierto, sensible y fascinado ante tanta belleza. Sólo esconde el misterio del amor, que renueva la vida eternamente.
Y tu mirada, ¿qué me esconde? ¿Te atreves a mirarme, para que yo lea en tu mirada los deseos de tu corazón?
Roberto Pérez-Franco