mira

Mírame,
bella mía:
soy un hombre,
¿lo ves?

Aquí,
frente a tu mirada altiva,
¡mira cuán fuerte soy!

Mira cómo mis manos cavan
la cintura de este continente,
buscando unir dos océanos

Mira cómo mis ojos se hunden
en los hondos rincones del universo,
buscando la luz del pasado

Mira cómo mi lengua habla
un millón de idiomas y dialectos,
buscando paz o guerra

Mira cómo mis pies recorren
la tierra, el mundo entero,
mil veces en un sólo día,
buscando aventuras

¡Mira cuán grande soy!
Como el rey de la creación,
Dios me hizo antes que a ti;
de una de mis costillas tomó tu carne
y con Sus manos de hombre
te hizo para mí

Ahora mírame nuevamente,
amor mío:
soy tu hombre,
¿lo sientes?

Aquí,
rendido a tus pies
junto a tu pecho palpitante y desnudo,
¡mira cuán débil soy!

Mira cómo mis manos gastan
tu cintura y tus caderas
con caricias largas,
buscando fundirme contigo

Mira cómo mis ojos se hunden
en lo hondo de tus pupilas,
buscando luz en su abismo,
y hallando paz en su penumbra

Mira cómo mi lengua acaricia
tus senos,
y cómo coronan mis labios
tu aureola rosa
con mi ansiedad

Mira cómo mis pies recorren
tu cuerpo entero,
que es mi mundo infinito,
mi reino
y mi laberinto

¡Mira cuán tuyo soy!
Como mi reina absoluta,
Dios te hizo así soberbia,
y a mí un esclavo a tus pies;
y si de mi pecho tomó tu carne
fue para llevarme hasta esa carne mía
a amarme de vuelta cada vez:
hasta tu doble pecho erguido
hasta tu rosa encendida
hasta tu silencio

Roberto Pérez-Franco