Déjame
Amor,
déjame entrar
con tu alma,
en tu mente,
a tu cuerpo
Amor,
déjame escuchar
el agitado aleteo
de esa paloma blanca
que revolotea en tu pecho
Amor,
déjame tocar
tus manos con mis manos,
tu lengua con mi lengua,
tu fuego con mi fuego
Amor,
déjame callar
este temor pequeño
de morirme mañana
sin habernos devorado
Amor,
déjame extrañar,
cuando hayas partido,
tu voz,
tu calor
y tus latidos
Amor,
déjame amarte,
y déjate amarme
porque somos uno en dos
y aún no hay olvido
Roberto Pérez-Franco