demasiado
¿Cómo puedo describir yo tu belleza,
describir lo que me agita y enamora?
Baste aquí con que te diga, por ahora,
que al crearte consiguió Dios, con destreza,
encerrar Su gloria entera en tu figura.
Tal es, amada mía, tu hermosura.
¡Qué delicia, qué delirio, qué martirio
siente mi alma, por soñar con tus amores!
¡Cuánto adoro yo tu rostro y sus rubores,
y tu cuerpo que es, de fuego y miel, un lirio!
Roberto Pérez-Franco