no cambies tu cuerpo
No hay nada más hermoso
sobre esta tierra enorme,
bajo este cielo infinito,
que tu cuerpo,
bella mía
Nada es más hermoso que tú
y tu inocente sonrisa rosada
No hay en todos los jardines
dos botones de rosa comparables
a tus dos senos de seda,
que apuntan vibrantes hacia mi pasión
como pequeñas pirámides
construidas con mis anhelos
No hay en la tierra entera
columnas tan robustas
como tus piernas de mármol blanco,
torneadas por un dios delirante
torturador de hombres,
y amante de ángeles
No hay entre todas las criaturas
una angostura más sublime
que tu vertiginosa cintura,
estrecho istmo erosionado por mis manos,
en cuyas costas naufraga mi fortaleza
No cambies, bella mía,
nada de tu cuerpo
ni envidies a otras mujeres
que carecen de tu encanto
Mira que cambiar cualquier detalle
sería profanar la perfección,
romper la armonía exquisita
de una obra de arte,
sacrilegio impredonable,
vano afán de mejorar lo inmejorable
Lo único comparable en este mundo
a la hermosura de tu cuerpo
es la honda y serena belleza
que escondes en tu alma
Roberto Pérez-Franco