tus ojos

No me atrevía,
bella,
a mirar tus ojos,
pues temía que me quemaran
sus destellos de esmeralda

Más tarde,
mi dulce bella,
me arriesgué a mirarte a los ojos,
y sentí vértigo al contemplar
el hondo caoba de tus pupilas

Y cuando me armé de valor
y te miré fijo y de frente,
tú también me miraste:
una chispa viajó
entre tus ojos y los míos
y encendió en mi cuerpo un fuego
que desde entonces me consume

Ese fuego,
amor mío,
es como un haz de flamas de esmeralda
ardiendo sobre fibras de caoba,
igual a tus ojos divinos
que me enamoran...

Roberto Pérez-Franco

Inspirado por una diva con ojos que cambian de color, de verde a marrón, dependiendo de la luz del sol.