Mi opinión sobre el boxeo

En el día de ayer, el joven boxeador colombiano Carlos Meza falleció por una hemorragia en el cerebro, tras haber sido noqueado en una larga pelea contra un panameño. No será el primero ni el último que deje la vida en el cuadrilátero. Otros, más afortunados, la conservan pero sufren enfermedades, como el Parkinson, que con el paso del tiempo surgirán producto de los golpes. Quiero aprovechar esta coyuntura para reafirmar públicamente mi opinión: el boxeo es un reencauche sofisticado de la brutalidad humana, y debería ser ilegal.

Como residuo indeseable del proceso evolutivo, y recordatorio permanente de lo que el hombre todavía tiene de animal, la violencia innecesaria no debería tener lugar en una sociedad civilizada, donde se aspira a convivir en paz. Como uno de los vicios más primitivos de nuestra especie, debería ser prohibida por las leyes aún cuando se le etiquete eufemísticamente como “deporte". Deporte es otra cosa: es el esfuerzo disciplinado para desarrollar positivamente las potencialidades, físicas y mentales, del ser humano. Aquella actividad en la cual el participante busca golpear al adversario hasta dejarlo inconsciente no es ni puede ser nunca un deporte, y quienes la practican no se hacen por ello dignos de admiración.

Quienes reciben beneficios económicos del boxeo, lo defienden de frente con argumentos insostenibles. Que el boxeo salva a muchos jóvenes de las calles y los aleja de las drogas, es una hipérbola: cualquier deporte puede darles esperanza y entretensión sana, sin necesidad de enviar al compañero al hospital con una hemorragia cerebral. Que solamente el boxeo puede sacar de la pobreza a algunas personas es un argumento insuficiente: ¿acaso no se podría decir lo mismo de la venta de drogas? Que todos los deportes son implícitamente peligrosos es una exageración: ¿cuántos deportes tienen como objetivo el dejar sin sentido al contrincante? Que los accidentes ocurren en todas las actividades humanas es una verdad a medias: ¿acaso no se legisla para reducir los accidentes y se castiga a los que por negligencia los ocasionan?

En nuestro país, donde los boxeadores exitosos son considerados motivo de orgullo nacional, puede resultar chocante esta afirmación, pero es – en mi opinión – no menos cierta aunque sea mal recibida. Muchos boxeadores son reverenciados por las masas, pues la masa yerra fácilmente en sus apreciaciones; pero nadie se hizo grande – en el verdadero sentido de esta palabra, que es el de servicio a los semejantes – usando sus puños. Panamá ha sido representada en el extranjero por muchas personas destacadas, en competencias físicas y mentales de todo tipo. Progresaríamos con honrar a los que a través de su esfuerzo hacen del mundo un lugar mejor y más pacífico, y no a los que hacen de la violencia innecesaria una entretención viciosa y una forma fácil de ganar dinero.

Roberto Pérez-Franco
08/Dic/2004

Este artículo fue publicado en la sección Cartas del lector del diario La Prensa el 9 de diciembre de 2004.