Una reflexión sobre la masacre de Beslán
El saldo del secuestro terrorista ocurrido en Beslán tiene proporciones catastróficas que lo convierten en una tragedia como pocas que se hayan visto en los últimos años, comparable a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Sumado a los dos aviones derribados recientemente por terroristas suicidas, representa una honda herida para el pueblo ruso y un duro golpe para las esperanzas de paz con Chechenia.
No hay fin – por noble que sea - que justifique tal crimen, ni Dios que lo solicite. Fanatismo y desesperación, frustración hacia el sistema, odio hacia otros hombres, falta de escrúpulos: esas son sus causas. El millar de rehenes retenidos por los terroristas, incluyendo los más de trescientos que resultaron muertos (la mitad niños), no tenían porqué pagar el precio de las múltiples atrocidades que los gobiernos rusos han cometido contra el pueblo checheno desde el inicio de los tiempos.
Este es el momento de llorar, de enterrar a los muertos, de clamar al cielo. La calma vendrá, y con ella el rencor seco que se pega al alma y que supura deseos de venganza. Entonces habrá que usar la razón. Dejarse llevar por el odio, pagar con la misma moneda, es rebajarse al averno del criminal odiado, y estancarse ahí.
Para poder seguir adelante, en el corto plazo, es imprescindible investigar lo sucedido y castigar a los culpables, en las filas terroristas y las gubernamentales. Si el objetivo de los terroristas era empezar una guerra en el Cáucaso, debe vencérseles precisamente evitando que esta guerra ocurra, pues iniciarla sería ceder a sus oscuros intereses.
Pero honda reflexión y mayores cambios se necesitan para asegurar que la región tenga paz en el largo plazo. El terrorismo, al igual que la guerra, es siempre abominable, nunca santo. Sólo la justicia y la igualdad pueden desarraigar el germen de desesperanza que degenera en terrorismo. Que los oprimidos no combatan las injusticias con terrorismo, que los opresores no combatan el terrorismo con injusticias, pues sólo el amor vence al odio, y la violencia sólo se evita comprometiéndose con la paz como única alternativa.
Roberto Pérez-Franco
06/Sep/2004