¡Arrepentíos!
En lo que va del año, varias veces me han formulado una pregunta muy específica, disfrazada de varias maneras, presentada en diferentes formas, disimuladas algunas, otras muy directas, pero la misma siempre y con cierto temor.
- ¿Se va a acabar el mundo en el cambio de milenio?
Y a todos los que preguntaron aquella bobería contesté siempre lo mismo, con los adornos adecuados para armonizar con los matices y el tono en que inquirieron.
- Claro que no - respondo, con los aderezos subsiguientes.
Mi certeza los sorprende. Entonces explico que no hay forma de que la Tierra se desvíe de su órbita o cambie súbitamente su eje, como pregonan los alarmistas de la prensa amarilla, que viven del susto ajeno. Una vez que han oído los miles y millones saliendo de mi boca en forma de kilómetros y años luz, se convencen de que el orden cósmico es perfecto y estable, y que el cambio de los tres nueves a los tres ceros - tan drástico para los calendarios humanos y potencialmente desastroso para las computadoras - no afecta en nada la mecánica de las esferas que danzan en los cielos. Así, con las ideas alineadas y balanceadas, se dan la vuelta y me dejan en paz.
Pero ahora yo mismo he comenzado a dudar de mis argumentos científicos, y mi certeza se ha resquebrajado. He encontrado evidencia que contradice mis creencias. Para decirlo de una vez: he comenzado a ver las señales inequívocas del día del juicio, los signos palpables de que el final de los tiempos se aproxima. No es en los cielos dondo he visto algo, pues ahí arriba nada ha cambiado mayor cosa. Es acá en el suelo donde se están produciendo grandes manifestaciones. No en toda la Tierra, sino específicamente aquí en Panamá, en la Oficina de Correos de El Dorado para ser más exactos...
¿Recuerdas que los panameños dejamos todo para última hora? Si nos dan una fecha límite para hacer un trámite, empezamos a hacerlo dos semanas después. Si una oficina cierra a las cuatro de la tarde, llegamos a un cuarto para las cuatro. ¿Recuerdas nuestra proverbial frescura, nuestra irresponsable omisión de horas y fechas? Bueno, ¡eso se acabó! Para sacar un apartado postal en El Dorado, la oficina de correos ha dado un lapso de dos largos meses. La mañana del primerísimo día de ese lapso fui a sacar mi apartado... y me llené de pavor cuando mis ojos vieron, frente a mí, a un ejército de cuatrocientas personas, ordenadas en fila, esperando para pagar su apartado.
¿Cómo me explicas eso, ah? ¡Los panameños llegando temprano el primer día! Eso viola todas las leyes conocidas de la física y contraviene el orden de la Naturaleza. Estoy temblando de pavor... ¡el fin se aproxima! Arrepiéntanse todos.
Roberto Pérez-Franco
15/Ene/1999