Sobre las declaraciones del Presidente
Las declaraciones del Presidente de la República me sorprendieron. No me sorprendió el hecho de que narcotraficantes disfrazados de empresarios honestos y escudados tras firmas de abogados, hayan invertido miles de dólares en las campañas presidenciales. Es de esperarse en gente de esa calaña. En ese sentido, estoy convencido de que otras empresas con fondos ilícitos han hecho y seguirán haciendo - secretamente - contribuciones a las campañas políticas de todos los candidatos, de gobierno y de oposición. Esto se debe a que nadie en medio de una campaña electoral, teniendo que manejar miles de asuntos a la vez (discursos, reuniones, publicidad y trámites), tiene el tiempo para revisar cada contribución a su campaña, profundizando en su procedencia. Los candidatos de oposición debieron haber mordido sin saberlo el anzuelo del narcodólar, de idéntica manera que el Toro. Sólo que como el Toro está en el poder, la atención se fija en él y su campaña. Por lo tanto, no fue eso lo que me sorprendió, sino estos dos asuntos:
Sorpresa No. 1: la manera fantástica en que se filtra la información más archi-ultra-recontra-super-requete-secreta hasta los medios de comunicación en el extranjero, tales como The Economist, The New York Times y The Miami Herald. Esa red de "espionaje noticioso", que permitió a esos diarios enterarse del dinero sucio antes que el mismo Toro, me hace pensar que los medios de comunicación en el extranjero deben estar más enterados que yo mismo de mi propia vida. Tal vez ellos saben de qué color es el calzoncillo que llevo puesto en este momento. La mafia periodística internacional: ¡maravillosa y terrible a la vez!
Sorpresa No. 2: la manera rápida, eficaz, diplomática y ultra-honesta en que nuestro Excelentísimo Señor Presidente ha manejado esta embarazosa y embarradora situación. Un escándalo de esta naturaleza es suficiente para descalabrar un gobierno entero, tal como se vió en el caso Samper. Pero el Toro es muy inteligente, con una habilidad de palabra envidiable, y además sabe por dónde le entra el agua al coco. Él mismo salió a confesar que lo sorprendieron los narcos, porque él no sabía nada. Con sus declaraciones del sábado me ha convencido de que es un gran hombre público, interesado en (y plenamente capaz de) mantener su imagen lo más pulcra e incólume posible, de manera que nadie pueda hablar mal de su honestidad o rectitud. Esto es un requisito indispensable en un buen Presidente. (Desgraciadamente, el Toro no llena muchos otros requisitos igualmente indispensables).
Ahora la pregunta es: ¿le vamos a creer que no sabía? Confieso públicamente que yo, Roberto Pérez-Franco, en pleno uso de mis facultades mentales y legales, y sin presiones de ningún tipo; confieso - repito - que yo sí le creo al Toro que él no sabía de ese dinero mal habido. No tanto porque le crea, sino porque necesito creerle.
Tal vez peque de inocente, pero si en este país no podemos confiar ni en el Presidente de la República, entonces ¿en quién carajo vamos a confiar? Si no lo creemos un hombre honesto, entonces ¿quién es honesto en este país? Si no creemos en él, entonces de verdad que estamos perdidos en la corrupción.
Aparte de eso, el Toro es un hombre millonario, gracias a la rapidez de sus manos. Él mismo aportó de su bolsillo millones de dólares para su campaña. Entonces, ¿va el Toro a enmierdarse de narcotráfico públicamente a cambio de pinches 51 mil dólares. ¡Ni soñando! El Toro no tiene la más mínima necesidad de arriesgarse a un escándalo internacional ni por 51 mil dólares ni por 51 millones de dólares.
No, señores del jurado. Yo sí le concedo al Toro el beneficio de la duda. Para mí será inocente hasta que se demuestre lo contrario.
Aunque yo no voté ni votaría nunca por Ernesto Pérez Balladares, y aunque los diarios internacionales digan misa en latín, el Presidente se merece una buena oportunidad para demostrar que es inocente. Y con mucho gusto se la voy a dar.
Quiero citar aquí una frase del inmortal Khalil Gibrán, genial poeta y filósofo libanés (uno de los más grandes de la historia, en mi parecer).
Compadeced a la nación cuyo estadista es un zorro [...] Compadeced a la nación que da la bienvenida a su nuevo gobernante con fanfarrias y lo despide con gritos destemplados, para luego recibir con más fanfarrias a otro nuevo gobernante.
Si el Toro es inocente, no ha pasado nada. Si es culpable, entonces que caiga sobre él todo el peso de la justicia y toda la ira de nuestro pueblo burlado.
Roberto Pérez-Franco
22/Jun/1996