Dios no falla

Bienaventurado el hombre que cuenta con su Padre para todos los aspectos de su vida. Dichoso el hombre que sabe que Dios nunca falla, y que nos ama, y que es misericordioso. Feliz el hombre que pide a su Padre, con fe y confianza en que recibirá, pues Él siempre nos escucha.

Pobre de aquel hombre destinado a caminar por la vida, cayendo a cada paso, sin el respaldo de su Padre. Desdichado el hombre que tiene el corazón vacío, y que se niega a aceptar Su existencia, pues no conoce la paz y la certeza de tener a su favor al Ser más poderoso del Universo. Infeliz el hombre que no conoce a Dios, y que no le busca tanto en alegrías como en tristezas, porque es y será toda su vida una criatura solitaria.

¡Gracias, Padre, por otorgarme lo que te pedí con tanto afán, por hacer ese gran milagro, y de paso aumentar mi fe!

Roberto Pérez-Franco
15/Sep/1995