Los buenos viejos tiempos

Cuando la Lotería Nacional de Beneficencia decidió cambiar el ánfora de metal por la máquina neumática en sus sorteos, el pueblo - en su ignorancia - se sintió consternado. No entendieron el por qué: si a los panameños no nos interesa conservar aquellos animales que se extinguen en nuestro propio suelo (como resulta evidente frente a la construcción del Corredor Norte a través del Parque Natural Metropolitano, una vital reserva ecológica), mucho menos nos interesará conservar al elefante africano, de cuyos colmillos se extraía el marfil usado para las balotas. Protestaron y se quejaron, pero el cambio estaba hecho, en merced de legislaciones internacionales de conservación de la fauna.

Recuerdo claramente el tipo de comentarios que se escuchaban en la calle mientras todavía se utilizaba el ánfora: unas balotas eran enfriadas y otras calentadas, se decía, unas eran más grandes y otras más pequeñas, unas estaban más sucias y otras más blancas, y para acabar de rematar se decía que los niños recibían instrucciones sobre cuáles debían escoger. Yo tuve una vez la oportunidad de extraer las balotas en un sorteo de la lotería, mientras todavía se usaba el ánfora, y doy fe de que nadie me dijo qué balotas extraer, y de que todas estaban a la misma temperatura.

Llama la atención que el ánfora que tanto criticaron como mañosa, sea ahora añorada, aclamada a gritos y alabada como ejemplo de honradez y transparencia. Las cifras que arroja el estudio realizado por la Universidad Tecnológica son contundentes: el porcentaje de veces que cada decena ha jugado se ha mantenido igual, con una levísima inclinación hacia las decenas bajas, dando en el traste con los comentarios necios del vulgo necio. Y como si esto fuese poco, se han calibrado las balotas en peso y forma, haciéndolas idénticas, diferentes únicamente en el número que llevan impreso. Vemos, pues, que nuestro pueblo no entiende de balanzas, de porcentajes, de ley de probabilidades ni de legislaciones conservacionistas internacionales.

Es claro que fue un error haber cambiado el sistema del ánfora, puesto que el problema era el uso de marfil y la extinción de los elefantes. Hubiera bastado con construir las balotas de algún material sintético resistente. Pero espanta la ignorancia reinante entre nosotros los panameños, ignorancia que se hace evidente en los comentarios contra el sistema neumático. Ahora, como es de esperarse, la Lotería Nacional está reconsiderando volver a los viejos tiempos del ánfora, pero con balotas sintéticas. Y todos quedan contentos, por ahora.

Roberto Pérez-Franco
28/Jul/1995