¡A un lado la pompa!

Se cuenta que el primer presidente de Estados Unidos, George Washington, declinó la oferta de usar oficialmente el título de Su Excelencia delante de su nombre; que lo llamaran "Presidente" le parecía suficiente. Esta tradición se conserva aún hoy: "Mr. President" es todavía la manera oficial de dirigirse al inquilino de la Casa Blanca.

En nuestros países latinoamericanos, arruinados por la corrupción gubernamental, la regla es otra: la pompa es la orden del día y los títulos zurcan los aires cada vez que un mandatario entra en la sala. En Panamá, "Excelentísimo" es como se nos pide llamar al Presidente; y "Honorables" a los antiguos Legisladores (que hoy han querido lavar su imagen rebautizándose - a la antigua - como "Diputados"). Estas hipérbolas saben amargas a cualquiera que conozca la historia real del último tercio de siglo, en el cual solamente un presidente tuvo una gestión excelente: Guillermo Endara, quien es precisamente el más humilde de todos.

Por ello, propongo que se elimine el uso de epítetos tales como "Excelentísimo" y "Honorable" cuando nos dirijamos a nuestros mandatarios. La Presidencia - como institución democrática - implica dignidad, pero no catapulta automáticamente a cualquier Presidente a niveles de excelencia moral. Que el juicio sobre la bondad de un mandato se emita a posteriori tras el análisis del desempeño de cada quien, y no como gratuita adulación a priori, que ya nadie siente auténtica y muy pocos merecen, de cualquier forma.

Roberto Pérez-Franco
22/Dic/2004