Arafat y la rama de olivo
En el ocaso de Yaser Arafat, se hace obligado calcular el saldo de su obra. Reflexiones sobre su controversial vida han sido y seguirán siendo publicadas en importantes diarios del mundo: que sirvan para considerar objetiva y simultáneamente las pocas virtudes y muchos defectos de este hombre que - para bien y para mal - ha hecho historia durante décadas. A pesar de haber recibido el premio Nobel de la Paz en 1994, en el último lustro Arafat había demostrado ser, junto a Sharon y Bush, parte importante del problema en Medio Oriente, especialmente cuando declinó la oferta - según muchos, inmejorable - que Barak y Clinton le presentaron en Camp David hace cinco años.
Muchos recuerdan cuando, en las Naciones Unidas, Arafat dijo llevar una rama de olivo en una mano y un fusil en la otra, y rogaba al mundo que no permitiese que la rama de olivo cayese de su mano. La escena me resulta difícilmente conmovedora. Un análisis sincero revelará que la filosofía del líder palestino fue muy pocas veces pacifista, si se entiende que pacifista es aquel que se compromete con la paz como única alternativa y renuncia - en la teoría y en la práctica - a toda forma de violencia, incluyendo el terrorismo. La diferencia básica entre Yaser Arafat y un verdadero pacifista, como Mohandas Gandhi, es que Arafat llevaba una rama de olivo en su mano, mientras que Gandhi era - él mismo - la rama de olivo.
Sin un sucesor claro, el movimiento palestino se enfrentará a la tormenta de designar un nuevo líder, tan pronto se decida a aceptar - como ya lo han hecho otros - la inminente muerte del anterior [1]. Aunque el legado de Arafat es, por definición, mixto, su saldo es negativo. Es sin embargo, un reflejo del sentir de los pueblos palestino e israelí: se desea la paz, pero no se renuncia jamás a la violencia. Esta fórmula está condenada al fracaso, porque - como predicó Buda hace milenios - el odio no vence al odio: sólo a través del amor y el perdón se detiene el ciclo vicioso de la violencia. No hay caminos para la paz, sentenció Gandhi en una frase que sobrevivirá a los siglos: la paz es el camino.
Roberto Pérez-Franco
08/Nov/2004
1 - Arafat murió tres días después de escrita esta nota.