La tríada está completa

Gracias a la asistencia de mis amigos Marcos Buelvas y Manolo Parra, esta noche he recibido un ejemplar del Gran Diccionario Español Esperanto (GDEE), obra ciclópea de Fernando De Diego, preparado con la asistencia de un selecto grupo de esperantistas españoles. El diccionario, bellamente empastado, está impreso en un papel lustroso, de alta calidad. La tipografía es impecable; el contenido, inmejorable. La obra, en su conjunto, resulta imponente. Personalmente, he estado esperando durante más de un año el momento en que tendría el GDEE en mis manos; por ello me ha conmovido intensamente el recibirlo hoy al fin.

Esta obra, que viene a llenar un vacío largamente sentido de los hispanoparlantes amantes del idioma internacional, es de tal importancia que ha ameritado múltiples presentaciones ante audiencias cultas en sendas ciudades españolas durante los últimos meses. Igualmente, en la versión 2004 de Expolingua, realizada en Madrid del 26 al 28 de marzo, los visitantes del puesto de la Federación Española de Esperanto (HEF) pudieron presenciar una muestra de la literatura esperantista, en la cual ocuparon un lugar de honor el GDEE, el Diccionario Comprehensivo Ilustrado del Esperanto (PIV) y la traducción del Quijote al Esperanto, por ser estas tres obras la tríada capital de los esperantistas hispanoparlantes. Al recibir hoy mi ejemplar del GDEE, he completado en mi colección privada de literatura Esperantista el grupo de estas tres obras.

Siendo el Quijote el hijo primogénito de la novelística moderna y la cumbre de la literatura universal, su traducción al Esperanto fue una tarea monumental que requirió del traductor, nuevamente nuestro querido Fernando De Diego, los mejores años de su vida, como él mismo lo confiesa en el prólogo de la obra. Por su parte, el PIV es la el equivalente en el mundo esperantista del diccionario de la Real Academia de la Lengua en el español.

Estoy en deuda con Fernando De Diego por su inmensa labor en pro del Esperanto y, por ende, del futuro de la humanidad. Que Dios le bendiga.

Roberto Pérez-Franco
29/Mar/2004