Terremoto social

Según La Prensa, Daniel Kaufmann (experto del Banco Mundial en temas de corrupción) señaló recientemente que hace un año atrás en Chile, cuando el pueblo descubrió que el fondo asignado al Presidente fue utilizado con propósitos políticos, se suscitó un "terremoto social” que dio como resultado la eliminación de dicho fondo.

Lastimosamente, Panamá no es Chile. Panamá es Panamá. Preferiría pensar que en Panamá pasaría lo mismo si algún día el pueblo descubriese que es cierto lo que muchos sospechan ya, sobre el uso de la partida presidencial. Sin embargo, la historia reciente me sugiere que el pueblo panameño tiene muy mala memoria, y se ha ido aclimatando a la corrupción, cediendo el brío viril y la capacidad de indignación moral que hacen falta para emprender "terremotos sociales" que allanen los meandros de la política criolla, escarbados tras un siglo de mediocridad gubernamental y complicidad popular. No hay mejor botón de muestra que el caso CEMIS: parece que las múltiples confesiones públicas de varios políticos prominentes no han sido suficientes para que se juzgue esta materia como lo indica la decencia; con asombro vemos hoy cómo el caso ha sido enterrado vivo junto a la justicia, cómo con la mano en la cintura los implicados la han barrido bajo la alfombra apoyados en tecnicismos.

El consuelo que nos queda en el corazón es saber que la justicia existe y siempre llega, aunque no sea humana, evidente e inmediata. Los burladores no reirán de últimos. Los gigantes de la ética, incluyendo a los grandes profetas, nos enseñan que ningún secreto queda sin ser revelado y que la balanza eterna paga a cada cual según su saldo moral, aunque los débitos estén ocultos bajo el manto de instituciones corruptas y los créditos sean anunciados con trompetas en la plaza.

Roberto Pérez-Franco
20/Mar/2004