Hierbas aromáticas

Su Alteza Real subió al púlpito y miró en silencio al auditorio, con ojos de ternero manso (hay que recordar que las apariencias engañan). Miles de jóvenes recién graduados, ataviados con sus togas y sentados frente a él, esperaban sus sabias palabras. Esa noche de graduación, en Texas, Su Alteza Bovina era invitado de honor y orador de fondo.

Así, empezó a hablar. Habló, habló y habló. Su boca reveló una verdad desconocida, trascendental, impactante: en Panamá muchos niños no tienen los recursos para ir a la escuela a aprender. El auditorio lo ovasionó de pie (hay que recordar que hay muchísima gente tonta en el mundo, incluso debajo de togas). De haber estado ahí, en vez de aplaudirle, yo le habría preguntado:

¿Y usted, qué va a hacer al respecto? ¿Va a vender su avión, su helicóptero, su palacio y su casa de verano, para comprar libros y cuadernos para esos niños? ¿Va a usar su cuenta secreta de 6 millones para comprar vitaminas y lápices para los pobres, desnutridos y analfabetas infantes? ¿Va a reducir el salario de sus ministros? ¿Va a reducir su propio salario? ¿Va a despedir a las miles de botellas de las oficinas públicas? ¿Va a evitar el gasto millonario del plebiscito? ¿Qué va a hacer, señor candidato, digo, señor presidente?

Y el habría contestado: "Voy a reelegirme." Y yo me habría reído en su cara, sin poder contenerme. "¡Eso quisiera usté!", decía Vange e'León: "¡Eso quisiera usté!"

Roberto Pérez-Franco
16/Jun/1998