¡La tuya!
En medio de la selva panameña, había un pequeño morro español de cientos de años de antiguedad que reposaba silenciosamente entre lianas. Como todo sitio histórico, es un monumento nacional invaluable. ¿Es? ¡Era! Los constructores del Canal lo destruyeron porque el morro - con poca consideración hacia los planos del Canal - se les atravesó en el camino. Luego de dinamitarlo, el pequeño fuerte fragmentado fue utilizado como caliche para rellenar huecos.
En el extremo sureste de la Península de Azuero, como un bello diamante pendiendo del cuello de un gigante, la hermosísima Isla Iguana se asienta, bañada por aguas cristalinas. Arrecifes de coral crecieron durante millones de años en sus faldas, haciendo un encaje de vida de incomparable esplendor a su alrededor. Millones de años fueron necesarios para que se formara. Bastaron unos días para que los gringos destruyeran la mayoría, en prácticas de puntería de sus pilotos novatos, durante la II Guerra, tanto con explosivos convencionales como con armas químicas.
Habrá quien diga que esto es cosa del pasado, pero no lo es. Basta con recordar que el Comando Sur ha probado armas químicas en sus instalaciones en Panamá.
Los mexicanos no se quedan atrás: PYCSA asfaltó el sitio arqueológico que (igual que el morrito desconsiderado) se le atravesó porfiadamente en el camino al Corredor Norte, el cual se construye a través de un Parque Nacional.
También hay cosas buenas. Gracias al Instituto Smithsonian de Investigación Tropical, la fauna y flora de la selva húmeda panameña y el sitio Juan Díaz están siendo estudiados seriamente.
Roberto Pérez-Franco
06/May/1998