Verso · 16 may 2024

Vestigio

En la espléndida roca, donde olasdesparraman el blanco de su espuma,con cutarra tenaz y firme coa,abundancia de ostiones que madurancampesinos cosechan. Cuando brotade su cofre de nácar, con ternura,el molusco, la mano va y lo arroja,vulnerable y desnudo, en la totuma.
Pues se siente mortal y deprimido,un ostión su destino vaticina:en cebiche vulgar, o tal vez fritoen ardiente sartén, hasta la tripair mascado a parar, ser digerido,y después, de clavado en la letrina.«¡Ay, qué efímero soy!», se dice el bicho,macerado en el mar de su desdicha.
Otro ostión a su lado, que le entiende,piensa muy diferente. También sufre,pero el mismo dolor que su alma sienteva envolviéndolo en nácar, y lo pulehasta que —miniatura— al mundo encierreen esférica perla, porque intuyeque es eterna la lágrima que vierte,un legado que el tiempo no destruye.
De la coa implacable bajo el filo,los moluscos son presa. Juntos viajande la humilde totuma, hasta un finorestaurante: sus carnes pronto apanan.De esos dos, solo de uno el fiel vestigiode su breve existencia aún nos habla:esa perla que ahora es dije ricodel collar que polleras engalana.