Verso · 26 mar 2006
Domingo de Ramos
a mi abuela Elvira
Andamos por los potreros,todos juntos caminando.Mi padre lleva un machete;mi hermana, unos baldes anchos.Yo, por ser el más pequeño,no llevo nada en las manos.La mañana aún está fresca.Escucho un bimbín, cantando...«¿Qué pasa, por qué salimos?»«Ven, que hoy es domingo'e ramos».
Mi madre —bajo la sombrade su sombrero pintado—del grupo, cual la matriarca,marcha adelante, buscandoracimos de caracuchasde pétalo inmaculado:corazón de azufre al centro,cinco pétalos bordadosen talco, contra el azuldel cielo hondo de verano.
Flores silvestres del monte(¡cuántas!) vamos cosechando:blancas, naranjas y rojas,de amarillo y de rosado.Mojadas en agua fresca,el tambucho van llenandojazmines y veraneras,acacias en grandes gajos;las flores todas juntitas,las hojas verdes al lado.
A la sombra —ya en la casa—por color las separamos.Las rociamos de la fuente,y las dejamos un rato.En la tarde, donde Abuela,vestidos todos de blanco,regaremos, falsa lluvia,en la calle un buen pedazo.Y quedaremos tranquilos,silenciosos, esperando...
Cuando oigamos la campanade la procesión doblandola esquina de la otra cuadra,esparciremos un mantode hojas verdes y de florespara que las pise el Santo.Las acacias, que son muchas,las ponemos por los lados;en medio las caracuchas,que resaltan por lo claro.
Caballero sobre un burrova Jesucristo montado.Se bambolea en la montura,vestido de oro y morado.Le hacen sombra los ilustres,cargando serios el palio;viejas, con palmas en mano,cantan un himno o un salmo;y un gran corrincho de niñosle va tendiendo unos trapos.
Cuando el tropel de devotosen procesión ha pasado,sonrío por las estrellitasque lleva el burro al costado.Escojo una caracucha,de las que nadie ha pisado,para dársela a mi Abuela:la guardará con cuidado,entre hojas de la Biblia,junto a un santo y un rosario.