Verso · 27 ene 2008
Cajita Infeliz
I
Te diré la historiade un pequeño niñoque vivía en las callesde mi Panamá.
Una madre adictaa la piedra en pipa,con droga en las venasal niño parió.Llena de rencoresy de sufrimientos,con amarga lechea él lo amamantó.Nunca vio a su padremás que en una fotode, cuando en la cárcel,alguien lo mató.
Su cuna es la acera,su abrigo la lluvia,su arrullo los carros,los gritos, las balas.El niño tiene hambre,y por eso llora.La madre el reprocheno se lo perdona.
Y lo echa a la calle,porque falta un hombre,pa' que busque el 'pebre',pa' que gane el real.Plata que más tardecomprará la piedra,y de mala gana,un trozo de pan.
El niño en harapos,en plena avenida,pide por su vidaque le des un 'rial'.Con aguja en brazo,la madre escondidalo espera transidaen algún zaguán.
Esta única historiase ve repetida,en mil vidas, tantas,tan pronto perdidas.Oye mi relatodel niño sin nombre,porque estoy seguroque sabes quién es.
Sabes que lo has vistojunto a tu ventanamientras el semáforote cambia la luz.Sabes que su caracon sudor y lágrimasy su mano suciaa ti se acercó
Y pensaste: "Miraa este niño pobre...¿Dónde está la madre,el padre, la ley?"Y tal vez le disteun centavo en lástimao la nuca fríade quien no lo ve.
Pero el niño existe,aunque no lo mires,y su madre adicta,y su padre muerto,y su vida tristeno desaparecenal cerrar el vidrioy virar la carao subir la radio,pensando: "¡qué vaina!...pero no es mi hijo,mi culpa o mi causa".Y su historia existe,aunque no la leas.
Él nunca fue a la misani tuvo bautizoni la catequesisde una religión.No es que le haga faltael dogma y el mito,pero sin un padreque le dé el ejemplo,y la madre rota,le hace falta un dios.
Su dios es la callede miradas turbias,drogas, juega vivo,fuerza y violación.Un dios punitivoes el del semáforo,que no te perdonael haber nacidonegro, pobre, anónimo,mas con corazón.
II
En la misma tierra,en la misma patria,en el mismo tiempo ymisma sociedad,otro niño naceen cuna de plata,de apellido bueno,en el hospital.
Su padre está vivo,viste de corbata.Desayunan juntos,lo besa en la frente.La madre lo abraza,lo acuna en sus brazos.El bebé se duermeen blando calor.La leche en sus tetasnunca supo a droga,o al ácido odio,sólo a tibio amor.
Ahora, este otro niño,digamos que es rubioy blanco y católico,se llama Agustín.Tiene un nombre fijo,porque tuvo aguabendita en la frentecuando era bebé.Mientras que este otrotiene muchos nombres:pela’o, man, chombito,laopé, buay, bribón,carajo, negrito,Memín y ladrón.
Viven los dos juntossin jamás saberlo,con vidas cruzadas:la misma ciudad,mas mundos distintos,arriba y abajo,adentro y afuerade la sociedad.
Te doy un ejemplo:a los cinco añossaliendo del Kínder,paró en un semáforoel 'van' de Agustín.Miró para afuerade esa esfera mágicade aire fresco y música,un Mercedes Benz.
Y quién más tú creesque estaba ahí afueradetrás del frío vidrio,‘chifiando’ los taxis,descalzo en la calle,lleno de lombrices,flaqueando por hambre,¡quién más que Memín!,con su cara suciay la mano abierta,pidiéndole un 'cuara'al niño Agustín.
La luz cambia a verde,el carro acelera.La mano vacíase pierde detrás."¿Quién era ese niño,mamá?" La preguntano tiene respuesta.Nunca la tendrá.La papita fritacae y ensucia el cueronegro del asiento,y el juguete nuevo,“Cajita Feliz”.
"¿Quién será ese niño?",también piensa el otro,pisando el asfaltoen calle asoleá'."¿Qué estará comiendo,qué estará jugando,camino a su casajunto a su mamá?"
Y, por un segundo,siente envidia y odiopor los dados locosdel dios tricolor,que le pone rojaeterna a este chombo,mientras otro – en verde –vive sin dolor.
III
Pasaron los añosy murió la madre'trabada' en la piedra,en un callejón.
Y el mismo hideputaque vendía la drogaque mató a la madreque arruinó la vida,– en pacto faustiano –le ofrece un hogarde colchón roído,de pan mal habido,si a cambio el niñitova y le hace un favor.
Pero el favorcitono es lavarle el carro,ni limpiar zapatos,o podar el patio.Es otro, es distinto,del que no se dice,del que no se habla,y se hace calla'o.
Te paras afuerade la discotecaa golpe de nueve,mirando de la'o,Pones un puestitode carne en palito.Guarda los paquetesen tu pantalón.Espera a que vengana ti los clientes.Si piden 'pimienta',¡asunto arregla'o!
El niño no entiendemuy bien lo que pasa,pero sigue el juegoque da pa' comer.Vende la 'pimienta',recoge la plata;si viene el patrulla,él se echa a correr.
Así pasó el tiempo,Memín se hizo hombre,perdió la inocencia,y envidió el poder.Vio el juego completo:en sucio tablerose supo el peón negrodel gambito cruel.
Una noche rojade cuchillos bravos,le da jaque mateal cobarde rey.Se hace del negocioy sigue supliendoel mismo mercadodel maleante aquel.
Los peones son otros,el juego es el mismo;y el dios de la callese ríe con él.
IV
Agustín, ¿recuerdas?,creció alto y fuerte.Terminó en La Sallecon puesto de honor.Se irá para el Norte,a hacer la carrera,tal vez medicina,en el exterior.Su padre, orgulloso,le regala un carro,moderno, de lujo,en su graduación.
Su novia, tan bella,con él esa nochese acuesta y le entregala virginal piel.Entre muslos blancostibios, sudorosos,el joven degustala primera miel.
Ebrio de alegría,mala hora, decidecon unos amigosir a celebrar.En la discoteca,tras un par de tragos,se antoja de algomás fuerte probar.
Así sale el combode jóvenes ricos;se llegan al puestode carne en palito.Y con la 'pimienta'que vende un chiquito,se van a una esquina,buscando emoción.
La coca le subea Agustín por dentro,le enciende una euforia,fuego de borracho.Un tipo lo reta,con motor rugiente:“echemos regata,pa' ver quién es macho”
Agustín acepta,se siente valiente,y en su carro nuevo,persigue al muchacho.Por Calle Cincuentalos vieron volando:dos balas de plataparecían los carros.
El dios de la calle,que cambia de luces,no gusta que ignoren,su roja advertencia.La mula, con verde,tan tarde en la noche,veloz en su vía,sigue sin prudencia.Del joven y el carro,si acaso, en la calle,quedaron las manchasde sangre y violencia.
La novia, preñada,viuda sin casarse,tras triste embarazole parió su imagen.El bebé sin padrele llora en las noches;la joven, marchita,no sabe cuidarle.Los padres del novio,por amor al hijo,con el alma herida,se dan a criarle.
V
Pasan cinco años,y el Agustincito,creció rubio y ricoigual que su padre.Se va cada tardecon los abuelitosa comer heladoen un restaurante.
Unos años antes,Memín, traficante,murió por el filode algún debutanteque, peón de gambito,quiso desafiarle,y una noche roja,le dio jaque mate.Dejó en este mundo,herencia de sangre,en el vientre de unaque le pagó en carne.
Y el hijo de Memo,descalzo en las calles,creció con la adictaquitándole reales.Nunca vio siquieraen vida a su padre,más que en una fotogrotesca y cobarde,en la cruel portadade El Siglo, en la cárcel.
Acosa a los carrosen plena avenida,sin libros, sin techo,maestro, ni fe.Toca a tu ventana,con manitas suciasy triste te dice:“deme pa’ comé”…
¡Curioso el destino!En una parada,de Agustín el hijo,y de Memín el crío,a través del vidriose vieron de frente."¿Quién será ese niño?",pensó Agustincito,"¿por qué anda solitoentre tanta gente?""¿Quién será ese niño?",se pregunta el otrosin nombre, sin sombra,futuro o presente.
"¿Quién será ese niño?"Mas nadie contesta.Tal vez nadie supo.Tal vez nadie quiere.
Que fue de aquel niñoque creció sin padre,partido en dos mundos,nadie me lo dijo.Lo que queda claroes que en el camino,lo que siembra el padrelo cosecha el hijo.Y el dios de la calle,de pobres y ricosse bebe la sangreen el sacrificio…