Autor · 22 oct 1993

Prólogo a 'Cuando florece el macano'

Roberto Joaquín Pérez Franco es mi hermano menor.

Hasta hace poco Roberto fue para mí, mi hermanito... pero ya ese niño intranquilo y explorador ha cambiado. Ahora es un hombre poeta y brillante.

Realmente considero un honor haber sido elegida para escribir el prólogo de Cuando florece el macano, su primera obra publicada.

Mi hermano desde muy niño demostró interés por la lectura y sus ratos libres los dedicaba a disfrutar desde libros de poesía hasta tratados de metafísica. Controversial y visionario, Roberto ha ido formando dentro de sí un mundo de conocimientos y sensaciones diversas... un universo en expansión.

Y ahora ha decidido compartir con nosotros una parte de ese universo, la parte emocional transmitida a través de la escritura y nos la regala en éste su primer libro de cuentos.

Quisiera comentar un poco acerca de los cuentos que conforman esta obra.

Adiós, amigo mío, es una hermosa expresión del amor y cariño que puede existir entre un hombre y un animal; un tierno y dulce relato en el cual se ponen de manifiesto los sentimientos del autor hacia los animales. Posee este cuento descripciones tan hermosas como la que reza: "Noche de verano, espléndida y fresca, fragante a jazmín y a rocío. La luna casi llena, diáfana y serena, se levanta lentamente sobre el horizonte, y las estrellas grácilmente palidecen ante su presencia. Su luz dibuja blancas figuras a lo lejos, mientras las nubes caprichosas juguetean en las profundidades del cielo". La primera vez que disfruté de estas líneas, quedé embelesada por la belleza que ellas encierran.

De niños, nos gustaba disfrutar de la naturaleza, observar los hermosos paisajes que rodeaban nuestro hogar, a la par que escuchábamos atentos las historias y experiencias de nuestro querido abuelo... ese abuelo que se fue, un 31 de diciembre.
Al ponerse el sol, es un cuento lleno de emoción y tristeza, que traduce el dolor sufrido por el autor al morir su abuelo.

Cientos de experiencias e historias verídicas son escuchadas en el consultorio de un médico de pueblo. A nuestro padre, médico de profesión, le ha tocado escuchar, y algunas veces vivir historias tan increíbles como la plasmada por mi hermano en Ecos de la guerra. Estas historias eran compartidas por papá con nosotros para que de ellas tomáramos lo bueno y nos sirviera de lección. Pero no sólo disfrutábamos de historias verdaderas... Aún recuerdo los días en que sentados junto a nuestro padre, y frente a la amorosa mirada de nuestra madre, mi hermano y yo, entusiastas y ansiosos esperábamos el final de "Jirafín en Jirafolandia" o de alguna historia fantástica relatada por nuestro progenitor.

Poco a poco nuestra infancia fue quedando atrás y con ella nuestra inocencia.

La vida nos hace cambiar, madurar emocional y espiritualmente, y darnos cuenta que no siempre vamos a poder entender el porqué de las cosas; que existe alguien allá arriba que dispone sin cuestionar... sin preguntar. En la corriente, es una historia real, que cristaliza la tristeza que embarga al corazón por la muerte de un amigo...

Los que tuvimos la dicha de crecer en un pueblo chico, hermoso y tranquilo, como lo es La Heroica Villa de Los Santos, sabemos que muchas son las leyendas que nacen en el campo acerca de brujas, duendes, apariciones, etc. En Cuando florece el macano, Roberto Joaquín crea una historia con la cual nos permite saborear todo el embrujo y misterio que rodean a aquellas leyendas, sumergiéndonos en un mar de fantasía pueblerina.

"Miel de luna espléndida y celeste que, goteando poco a poco con su brillo de plata, corre por las paredes del negro cielo y escurre hasta la tierra; baña las nubes, los árboles frondosos, los ríos y los caminos endulzando generosa, la simpatía de la noche". El cuento Cuando florece el macano está lleno de descripciones tan hermosas como ésta, realmente cautivadoras.

No hay duda de la vena de escritor que posee Roberto Joaquín, perteneciente a la cuarta generación de escritores de la familia Franco. El primero fue nuestro bisabuelo de origen colombiano, el Dr. Joaquín Pablo Franco González, médico, político, ensayista y poeta; luego nuestro abuelo, el Dr. Joaquín Pablo Franco Sayas que aunque vivió entregado a la Medicina, en sus ratos libres se deleitaba escribiendo hermosas poesías, y su hermana la Dra. Elia Franco de Penna, premiada en la sección de cuentos del prestigioso Concurso Literario Ricardo Miró; y en la tercera generación está nuestro tío Hernando Franco Muñoz, Licenciado en Ciencias Políticas y autor de varios libros.

Al estar lejos de mi hogar he podido comprender tantas cosas... una de ellas es que el amor de la familia es uno de los sentimientos más profundos, puros y necesarios que existen en la vida; y mi hermano forma parte importante de esa familia, una parte con la cual he aprendido mucho...

Roberto, doy gracias a Dios por darme la oportunidad de disfrutar la dicha de tenerte como hermano. Gracias por regalarnos tu arte y tu belleza espiritual. Te espera un futuro brillante y lleno de éxitos. ¡Suerte!

Ahora dejo en sus manos esta obra, que como una sinfonía de Mendelssohn debe ser disfrutada compás a compás, palabra a palabra, y saboreada con el corazón lleno de sentimiento, para poder percibir la abismal hermosura que la compone.

Te quiero mucho, hermano...