Apostilla · 22 dic 2004

¡A un lado la pompa!

Se cuenta que el primer presidente de Estados Unidos, George Washington, declinó la oferta de usar oficialmente el título de Su Excelencia delante de su nombre; que lo llamaran "Presidente" le parecía suficiente. Esta tradición se conserva aún hoy: "Mr. President" es todavía la manera oficial de dirigirse al inquilino de la Casa Blanca.

En nuestros países latinoamericanos, arruinados por la corrupción gubernamental, la regla es otra: la pompa es la orden del día y los títulos zurcan los aires cada vez que un mandatario entra en la sala. En Panamá, "Excelentísimo" es como se nos pide llamar al Presidente; y "Honorables" a los antiguos Legisladores (que hoy han querido lavar su imagen rebautizándose - a la antigua - como "Diputados"). Estas hipérbolas saben amargas a cualquiera que conozca la historia real del último tercio de siglo, en el cual solamente un presidente tuvo una gestión excelente: Guillermo Endara, quien es precisamente el más humilde de todos.

Por ello, propongo que se elimine el uso de epítetos tales como "Excelentísimo" y "Honorable" cuando nos dirijamos a nuestros mandatarios. La Presidencia - como institución democrática - implica dignidad, pero no catapulta automáticamente a cualquier Presidente a niveles de excelencia moral. Que el juicio sobre la bondad de un mandato se emita a posteriori tras el análisis del desempeño de cada quien, y no como gratuita adulación a priori, que ya nadie siente auténtica y muy pocos merecen, de cualquier forma.