Cita con dos príncipes

El monje mojó el pan en el vaso de vino, y sin levantar los ojos, musitó entre dientes:

Hermanos, anoche tuve un sueño muy extraño.

Todos los monjes, sentados en torno a la tosca mesa, lo miraron fijamente. El monje del asiento vecino le preguntó: ¿Y cuál fue ese sueño?

Soñé que un ángel se me aparecía, y me revelaba que dentro de poco recibiría la visita de dos príncipes: el Príncipe de la Luz y el Príncipe de las Tinieblas.

- ¿El Príncipe de la Luz?, preguntó uno.

- ¿El Príncipe de las Tinieblas?, exclamó otro.

- ¡Silencio!, les reprendió el mayor, déjenlo continuar.

El primer monje calla. Moja otra vez el pan en el vino y se lo lleva a la boca. Mastica lentamente. Durante esos minutos, sólo el crispear de las antorchas rompe el silencio. Entonces, deja caer las palabras como gotas pausadas sobre la expectativa general del monasterio entero.

En mi sueño, me senté a la sombra de una higuera a esperar la visita de ambos príncipes. Esperé durante largo tiempo, pensativo y ansioso. Al cabo de muchas horas, apareció frente a mí el que reconocí luego como Príncipe de la Luz, envuelto en una gloria tal que me es imposible describírosla. Me habló y dijo: "Bienaventurado tú, oh hijo de pobres, pues la Verdad te será revelada por mí en cuanto me abras tu corazón". Y yo me postré a sus pies y alabé a Dios. Él me levantó, y me sentó a su diestra para instruirme. Durante horas recibí sus enseñanzas humildemente, y mi alma se llenó de sabiduría.

El monje se pone de pie, y continua su confesión. Y las paredes mohosas del monasterio retumban con sus palabras.

Cuando el Príncipe de la Luz se dispuso a partir, le pregunté: "Señor, un ángel me reveló que sería visitado hoy por dos príncipes, el de la Luz y el de las Tinieblas. He recibido tu visita, y doy gracias a Dios por ello, pero no he recibido la visita del Príncipe de las Tinieblas. ¿No vendrá él a nuestra cita?"

En este punto, el silencio de los presentes era tenso, erizado. Y el monje, alzando las manos, finalizó:

Y Él, el Príncipe de la Luz me contestó: "¿Acaso no le reconociste en Mi ausencia? Cuando Yo no estaba, era él quien te acompañaba bajo la higuera. Las Tinieblas no son sino la ausencia de Luz, hijo mío. Al tener la Luz en tu corazón, las Tinieblas desaparecen. Antes de tener la Luz, sólo las Tinieblas te acompañan. Yo Soy el Príncipe de la Luz, a Quien tú ves ahora, y Mi ausencia es lo que llaman el Príncipe el de las Tinieblas... Abre tus ojos... Abre tu mente... y lo comprenderás." Esto dijo, y entonces desapareció.

Roberto Pérez-Franco
1998