Sobre los cambios a las bases del Miró

Muchos escritores de Panamá hemos recibido hoy un correo electrónico enviado por el INAC invitando al “lanzamiento” de las nuevas bases del Miró y otros concursos. El correo dice que, “en busca de promover la excelencia en la producción de literatura panameña, dichas bases fueron revisadas por expertos de cada género participante”. Quiero expresar algunas opiniones a razón de este mensaje:

Sobre los méritos de los cambios que haya hecho el INAC a las bases de Miró habrá que comentar cuando sepamos cuáles son los cambios. Las bases del Miró, como toda reglamentación humana, son perfectibles, y me parece saludable que se les revise periódicamente. No todos los cambios posibles son malos. Pero como – de la misma forma – no todos los cambios posibles son buenos, me preocupa un poco que éstos se hayan hecho tan rápidamente y sin más amplia consulta.

Para entender mi preocupación hace falta un poco de contexto. Hace unos meses, el Miró 2014 en la sección de cuento fue declarado desierto por el jurado, compuesto de dos extranjeros y un panameño: José Luis Rodríguez Pittí. Este fallo causó mucho revuelo, y generó controversia que se manifestó de forma verbal y escrita - en las redes sociales, correos electrónicos, blogs y diarios impresos. En retrospectiva, entre las voces que más fuertemente se manifestaron en contra del fallo y a favor de cambios en las bases del concurso, se encontraban los escritores Carlos Oriel Wynter Melo y Enrique Jaramillo Levi.

En este punto, quiero reconocer que tengo amistad con todos ellos: José Luis, Carlos Oriel y Enrique. El tono de la controversia fue amargo, y dejó secuelas que aún hoy se sienten en el pequeño pero apasionado círculo literario de Panamá. Los escritores, creo yo, somos mejores de amigos que de enemigos: cuando el viento cambia y la veleta gira, el intelecto agudo se sabe poner al servicio de fuertes emociones, y la pluma se convierte en filo que corta la carne. Y por conocernos bien, sabemos dónde enterrar la puñalada. Lamento ver a tan buenas personas parados en firme a lados opuestos de tan honda brecha.

De vuelta al Miró. A raíz de la controversia, algunos escritores propusieron y circularon recomendaciones sobre posibles cambios a las bases del concurso. Algunos escritores hablaron de llevar estas recomendaciones al INAC. Algunos escritores hablaron de que el INAC haría cambios. Y hoy, al ver el mensaje enviado por el Instituto, me pregunto si los cambios que el INAC anuncia a las bases del Miró fueron influenciados por las propuestas generadas al calor de aquella reciente controversia.

¿Qué cambios se hicieron a las bases? ¿Quién los sugirió, y con qué sustento? La respuesta a la primera pregunta la conocen quienes participaron en la revisión, pero el resto tendremos que esperar dos semanas a que el INAC los comparta en el anunciado “lanzamiento”. La respuesta a la segunda pregunta, sin embargo, nos da indicios de la primera. A la pregunta abierta hecha al INAC por la escritora Lili Mendoza en su cuenta de Facebook, el escritor Wynter Melo comentó: “Les puedo decir quiénes participaron en la revisión por parte de cuento: Enrique Jaramillo Levi (no pudo ir), Carlos Wynter (no pudo ir) y Berna Burrel.”

Un punto en particular álgido, pero sobremanera importante, que presiento – en base a este comentario – que el INAC estaría buscando revisar es el de los premios desiertos. Con la excepción de unos cuantos meandros hacia temas secundarios y echando a un lado los inevitables ataques personales, la controversia reciente de la sección de cuento del Miró 2014 fue precisamente sobre si es prudente, constructivo y deseable que un premio nacional de literatura incluya en sus bases la posibilidad de que un premio se declare desierto.

Existen buenos argumentos a favor y en contra. Hace unos meses atrás, al calor del debate, Rodríguez Pittí (parte del jurado en cuestión) hizo una fuerte defensa pública de la figura del 'premio desierto'. Wynter Melo y Jaramillo Levi presentaron apasionados argumentos en contra. Si el INAC eliminó de las bases del Miró la opción de que los jurados declaren el premio en una sección desierto, queda la preocupación de que dicha decisión haya sido hecha en reacción a la reciente controversia. Si el INAC buscó la asesoría de sólo tres escritores, dos de los cuales fueron fuertes y vocales oponentes del reciente fallo, queda la preocupación de que los argumentos a favor de retener la opción del premio desierto no hayan recibido suficiente prominencia.

Finalmente, queda una preocupación mayor, articulada de manera inmejorable por el escritor Edilberto González Trejos en comentario al post ya mencionado de Lili Mendoza: “los que participen en la revisión de las bases deben firmar un compromiso de no presentar obras a concurso en tales certámenes”, al menos durante varios años subsiguientes. De otra forma, existe la posibilidad de que se dé el siguiente escenario: que el ganador o ganadora del Miró del próximo año sea una de pocas personas que participó en cambiar las bases del concurso poco después de haberse manifestado fuertemente en contra de un reciente resultado desfavorable.

Por admisión propia conocemos que, entre los escritores que se dice fueron invitados por el INAC a comentar sobre las bases, hay algunos que participaron en el reciente concurso y manifestaron molestia tras el fallo que lo declaró desierto. De ganar el siguiente premio, tras haber recibido la oportunidad de revisar las bases, se le restaría – al menos en apariencia – mérito y transparencia a su triunfo. No dudo yo de la integridad de mis colegas, pero debió el INAC tomar una página de Plutarco y decir, parafraseando a Julio César: “No basta que la revisión de las bases del Miró sea honesta; también tiene que parecerlo.”

Quiera que los cambios sean buenos, pero la impresión de transparencia está ya menoscabada, por la premura en la decisión y lo limitada de la consulta.

Roberto Pérez-Franco
12/Feb/2015